
Fue hace mas de 5 años.Yo asistía a un grupo de jóvenes que nos reuníamos a compartir un poco, además de recibir consejo y estudiar la Biblia. Muchos de los chicos que asistían, tenían problemas ya sea de drogas, alcohol o con sus padres. La mayoría de chicos de 16 a 22 años Planificamos una actividad en un orfanato en una ciudad cercana.
Siempre había querido ir a un lugar así, siempre he tenido el deseo de adoptar a un niño y esta idea me pareció demasiado buena.
El día de la actividad llegó, muchos iban con cierta apatía.
Cuando llegamos al lugar, nos encontramos con un montón de niños y adolescentes de distintas edades, muchas caritas inocentes, llenas de miedo, ojitos que clamaban por un poco de amor.
Nos dividimos en varios grupos de trabajo. Me tocó el área del sonido (jajaja como DJ) ya que teníamos algunas pistas que poner para algunos juegos que se le iban a hacer a los niños.
De pronto una carita algo curiosa se asomó entre los grandes parlantes del equipo que llevábamos. Un niño de al menos unos 5 años. Se me quedó viendo, lo llamé y se quedó con a cierta distancia viendo todos mis movimientos, no quería estar con los otros niños. Poco a poco su curiosidad pudo más que su recelo y se fue acercando. Su voz tímida pronunció por primera vez unas palabras para mi: “me llamo Diego”. Luego ya no quería separarse de mí. Paso que yo daba, pasito que él también daba. Fue “mi ayudante de DJ”
Pasadas algunas horas, no reunimos todos en un salón amplio para hacer con ellos unas coreografías que ya habíamos ensayado previamente. Miré a mi alrededor y me sorprendió lo que vi.
Aquellos muchachos apáticos que iban con nuestro grupo, sin ganas de participar, estaban rodeados de niños, todos riendo. Había un muchacho muy alto, él era el más perezoso, tenía en sus hombros a un niño, en su espalda a otro y dos mas colgándose de sus piernas, y habían como 3 mas gritando por que querían subirse a ese “King Kong”. El muchacho no paraba de reír, que diferente se veía su rostro!!
Las muchachillas que iban con nosotros, de esas que juegan que ya son muy grandes y muy glamorosas, se habían recogido sus cabellos, y estaban tiradas en el suelo jugando con niños.
Lástima que en ese tiempo no tenía mi cámara, por que esas imágenes eran dignas de ser inmortalizadas.
La hora de repartir los regalos fue demasiado linda, me llegó al corazón. Ver esos ojitos brillar de la emoción al recibir sus paquetes. “uuuuy que chiva (que bonito)”, “veaaa esta bolaa, ahora voy a jugar como Ronaldhino” “que lindaa muñeca”, “ya tengo ropa nueva” y miles de expresiones mas que le hubieran derretido el corazón al mas duro.
Un amigo, al verme jugando con Diego, se me acercó y me dijo al oído: “pero si parece que sos la madre, hasta el mismo color de piel y el color de ojos”. Volví a ver al niño, y era cierto, tenía el mismo color de ojos iguales a los míos: color miel.
Llegó la hora de irnos… Dios!!! Quería que mi salveque fuera tan grande como para meter a Dieguito en ella y llevármelo a la casa.
Fue una experiencia que me llenó tanto.
Y hoy me puse a pensar: Quien habrá dado más? Yo quien le dio a él un rato de risas y compañía, o él que me hizo ver el mundo a través de sus hermosos ojitos color miel llenos de inocencia y timidez, y a pesar que ya pasaron mas de 5 años, sigue estando presente en mi corazón?
Dieguito, donde quiera que estés, que Dios te cuide y te guarde,
Le pediré que a EL te dé buen hogar, donde tengas todo el amor que mereces y mas.
Y siempre daré gracias al Cielo, por haberte cruzado en mi camino, y así afirmar con mas
Fuerza el deseo de algún día poder adoptar un niño.






